Un Paseo por mi Ciudad

Publicado originalmente el 13 de Diciembre de 2012


Caminar por la Guadalajara antigua o zona centro o centro histórico es una experiencia surrealista.
Ayer después de muchos años tuve la oportunidad de volver a recorrer la Guadalajara que el extranjero ve y nosotros hemos abandonado.
Esa matrona vieja que no sabe como ocultar sus años con un burdo maquillaje empastado que solo resaltan el paso del tiempo y como éste, inexorable le ha cobrado la factura del olvido.
Después del salir del embotamiento que significa tratar de llegar; entre camiones, calandrias, taxistas, autos de policía y uno que otro inocente como yo que pensó que sería fácil encontrar lugar, termine por estacionarme del otro lado del río, allá donde la leyenda del marginado resuena en los "Andares" y las "Galerías", ahí reviví la cruda verdad de una ciudad víctima de sus hijos y descubrí que la leyenda estaba viva.
El olor a mugre, orines, basura te envuelven; Süskind se quedo corto mi estimado Jean Baptiste.
Al pie de un puente me topo primero con un esqueleto viviente de pies descalzos, heridos, sucios, que con su botín (destruir uno de los últimos teléfonos públicos), y con alambres, construye con manos temblorosas sedientas de alcohol pequeñas figuras que simulan "animales", buscando como cachorro lastimado por siglos esa mano "piadosa" que le dará las monedas que usará para comprar el elixir que le ayudará a olvidar que está "vivo".
No me doy cuenta de él en ese momento. Ni en los siguientes.
Es hasta hoy que he vuelto a armar el viaje en mi cabeza con estas imágenes cuando empiezan a tomar sentido... se convierten en gente.
Unas cuadras más adelante me cruzo con una elegante abogada, quién luce su última adquisición de temporada comprada en Neu Yor, presta a hacer pedazos al causante de las preocupaciones del cliente que pagará su próximo shopping en San Antonio.
Veo como de manera despectiva, con asco, voltea hacia otro lado cuando se cruza con otra mujer despampanante, voluptuosa, que como ella está en el centro de la ciudad, donde está la acción.
Trabajando como ella pero en otro ramo.
En esencia venden lo mismo; su presencia, su femineidad, su rudeza, aquello que aprendieron de los mejores.
La diferencia; una lo aprendió en la universidad, la otra en la calle.. a final de cuentas como todos, solo nos vendemos al mejor postor.
Voltea de nuevo y me sonríe amable.. alguien "decente" habrá pensado...
Inocente.
Sigo mi caminar entre estos especímenes y otra imagen sacada de los olvidados de Buñuel... el policía panzón de "chela" y desnutrición añeja quién, rifle en mano intenta seducir a toda costa a una adolescente, casi niña, aún con el pelo húmedo, el uniforme de cuadritos deshilachándose en la bastilla, con olor a jabón neutro y una inocencia trágica.
Más allá; dos señoritos en una banca de metal practican el arte de la seducción bajo un letrero de cartón que casi en tono de burla vomita sobre ellos "justicia y fortaleza custodian esta leal ciudad".
Un niño pide su navidad, un bebe gatea entre basura y encuentra un dulce a medio comer y se lo lleva a la boca mientras su madre trenza el cabello de la rubia turista que arrojo el dulce al niño.
- Mafalda: "Deberían hacer algo con toda esa pobre gente de la calle"
- Susanita: Sii, deberían esconderla
Han pasado 40 años Quino.. la historia no ha cambiado, el mundo no cambió... nosotros cambiamos.
¿Dónde nos perdimos?
¿Donde dividimos a la ciudad entre los que si y los que no?
¿En las iglesitas que pregonan que Dios es amor y que del pobre será el reino de los cielos?
Las imágenes de la injusticia se agolpan, se revuelven, y el perfume caro se mezcla con el hedor de la mierda tapatía que traspasa metros y metros de concreto...
O será que.. ¿el hedor es en realidad a lo que huelen los "aristócratas tapatíos" en los que fluye sangre francesa, alemana y española? jamás indígena (no es de gente bien) y quienes creen que el apellido compuesto, rimbombante de origen incierto borrará su vida mezquina, banal y fatua?
La Perla esta manchada, rota por dentro en una montura de oro robado de las sonrisas de los niños que no tuvieron la suerte de ser blancos, con apellidos de delincuentes europeos.
Corroída por la sangre de esos pies mancillados, triste y perdida como la mirada del niño que se aferra a su bolsa de papel aspirando el vapor del solvente que terminara por diluir su mente, su conciencia de ésta "amable ciudad".
Guadalajara... dueles y mucho
Guadalajara, tu peor pecado fue criar bastardos malagradecidos y pagarás con indiferencia tu soberbia.
Guadalajara que alguien se apiade de ti porque tienes los hijos que te mereces...

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