Donde empezó la imaginación
Recuerdo cuando salía con mis amigos de la cuadra a jugar fútbol en la calle.
Malito como yo solo, tal vez por eso el "panbol" y yo nunca congeniamos.
La Antigua calle Viscainas en Jardines del Country (poco después le cambiaron el nombre a Miguel Galindo), vecindad pública de casitas económicas de 90 metros cuadrados para matrimonios jóvenes dieron albergue en ese tiempo a pequeñas colonias clasemedieras tirando a bajas en donde los niños podían salir a jugar en bicicleta, patines de metal, con la pelota, la cuerda, el resorte, changai, stop, chinchilegua, escondidas, bebeleche (avioncito), bote pateado, etc. etc. todo lo que nuestra imaginación podía inventar.
El "Señor de la leche" con su puntualidad inglesa que siempre llegaba a las cinco de la tarde en su destartalado camión repartidor Ford F1 de 1946 pitando desde una cuadra antes para llevar la preciada leche bronca que había que hervir para que estuviera lista para la cena marcaba el fin del juego.
El "parque" más cercano estaba a cuatro cuadras de la casa, y esa barranca baldía, residual, llamada "parque hundido" sería por muchos años (cuando no había animales muertos, hormigas rojas, basura o estaba inundado) en nuestro bosque mágico, la selva inhóspita o la barranca de la muerte.
Las noches resonaban con los distantes campaneos de "la guadalupana" y el repartidor de calabaza cocida y con el estruendoso pitido de su pipeta como de barco y marcaban el tiempo de la "tele".
La televisión transmitía poco a poco programas gringos con historias, personajes y situaciones gringas que poco a poco se volvieron también parte de nuestra cultura; "Perdidos en el espacio, Tierra de Gigantes, Ivanhoe, Batman, galería Nocturna, la hora de Alfred Hitchcock, MASH, Hawaii 5-0, los comandos de Garrison", alternaban indiscriminadamente con Cachirulo, el Chavo del 8, la criada bien criada, los polivoces, siempre en domingo, 24horas, El tío Carmelo, los supersónicos, los picapiedra, tritón, betty boop, repeticiones de "estrenos" de películas de Pedro Infante, Joaquín Pardavé, el genio (mi favorito) Tin Tan, Mauricio Garcés...mis primeros enamoramientos infantiles de esas señoras en blanco y negro pero extrañamente mas jovenes o de la edad de mi mamá y con una belleza impresionante, como Miroslava, Elvira Quintana, Raquel Welch, Sofía Loren, o Brigitte Bardott, y como no mencionar domingos a las siete de la mañana el eterno Chabelo.
De repente los camiones urbanos que antes no pasaban por ahí empezaron a interrumpir nuestros partidos de soccer.
"Malvivientes" aparecieron un vez, ( mi madre decía que eran de Atemajac o de la Guadalupana, donde vivían los "pobres") pero su leyenda permaneció por siempre porque a la amiga de una amiga de la comadre de mi mamá la asaltaron y mejor no salir cuando oscureciera.
El señor de la calabaza cocida no pudo seguir pasando porque hacía mucho ruido y apestaba la colonia con el dulce olor del piloncillo quemado.
El señor de la leche... sucumbió no se si a su obesidad morbida o a la leche pasteurizada, homogeneizada y refrigerada de sello rojo (la San José era para los ricos de Providencia y Chapalita... ¿entonces.. si ellos eran los ricos y los de Atemajac los pobres... nosotros que éramos mamá??).
Los juegos en la calle cambiaron por las azoteas que se comunicaban por completo en la "vecindad" abierta.
El parque hundido empezó a cambiar y ya no me dejaron volver a ir.. la basura era distinta; botellas, jeringas, colillas de cigarros raros, manzanas a medio comer, residuos de fogatas, y a veces.. ropa interior.
Las casas se vendieron todas.. y los que iban pudiendo se fueron cambiando para dar pie a los inquilinos que buscaban la casita económica sin tanta presunción.
Los amigos se empezaron a ir uno a uno.
Los nuevos vecinos no tenían niños de nuestra edad, eran jóvenes solteros, viejos retirados o matrimonios diferentes de gente "de fuera" que no tenia un pasado común con nadie.
Dibujar, hacer figuras de plastilina, leer, armar aviones a escala "lodela" o morir viendo televisión sustituyo la calle.
Ya no era seguro, "demasiado" tráfico, demasiados "extraños", demasiadas cosas diferentes... mejor quedarse en casa e inventar juegos en el encierro.
Ahí me detengo con estos primeros recuerdos de infancia donde la tecnología aparecía solo en televisión y la mejor aventura era hacer cosas con papel, palillos, madera o plastilina; aviones, naves espaciales, robots, soldados, monstruos, dragones, armas y ... barcos.
Barcos de papel que quedaban en una repisa o en una caja de "calzado canáda" en el closet o debajo de la cama, esperando que la temporada de lluvia llegara, ahogara las calles y después.. escampara para empezar con la diversión añorada por meses y jugar en los riachuelos de la calle.
Soñar que esa corriente de tierra, grasa, gasolina, hojas y basuras era el río más grande y peligroso del mundo que trataba de devorar los barcos de distintos tamaños y decoraciones que se habían fabricado una semana si, otra no, y eran detallados y bautizados mientras llovía.
¿será por eso que aprendí a dibujar?
¿será por eso que me enamoré de la lectura?
¿será por eso que las películas se convirtieron en parte de mi historia?
¿será por eso que cuando mis amigos se fueron, mis nuevos amigos salían de mis manos, me contaban lo que hacían en sus libros y charlaban conmigo en las películas?
Será por eso que éste niño que jugaba en un río artificial provocado por un aspersor descompuesto me recordó mi infancia y en donde sin saber; en la soledad de un niño encerrado por "su seguridad¨ ¿se cultivo la práctica y el gusto por dibujar, el amor por la lectura y la pasión por esos mundos perfectos, imaginarios del cine?
A lo mejor......
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